Cuéntame de tu proceso al escribir, ¿cómo llegaste a la dramaturgia de esta obra?
Cuando uno es niño siempre escribe. Yo, por lo menos, he escrito desde que tenía 15 años, después llegué a la escuela de teatro y ahí dejé de escribir. Klee, el anterior montaje que teníamos con La Batería, ya nos había acercado a la creación colectiva en el sentido de que yo tenía unas escenas escritas por mí, otro compañero tenía otras escenas, etc. Pasaron dos o tres años y yo quería hacer una creación colectiva nuevamente, pero el grupo estaba un poco disperso, entonces recayó en mí escribir algo para el Fondart, hacer algunas escenas. Luego dijimos 'bueno, si tenemos la escena uno, la cinco, la diez, hagamos las que faltan'. Entonces seguí avanzando hasta que me quedé con la obra completa. Después vino un proceso de decantación, fue quedando lo bueno, lo malo fue saliendo y así empezamos a arreglarla hasta llegar a ese Fondart que no nos ganamos. Me quedé con la obra bajo el brazo y la mandé al concurso de Dramaturgia Nacional.
¿Por qué Marmaduque Grove?
Porque es un utópico indestructible, es gente porfiada que llega hasta las últimas consecuencias, tiene las ideas tan lejos y tan grandes que no ve lo que ocurre en concreto y por eso se cae al hoyo y tiene estos problemas y no llega cuando tiene que llegar, y no resulta lo que tiene que resultar y entonces ahí empieza a estar el tema de la obra que, de alguna manera, es el fracaso. Las cosas no resultan como tú quieres que resulten y la historia de Marmaduque era una buena metáfora para eso. También es la historia de los que esperan.
¿Qué representan los personajes que incluyes?
Todos los personajes históricos que yo he puesto son todas las personas que de alguna u otra manera han fracasado: Manuel Rodríguez, asesinado; Arturo Prat, tirándose solo prácticamente sobre el acorazado; el penal de Caszely que falla; Balmaceda suicidándose; Pedro de Valdivia... Ahí está el fracaso, el morir, las cosas que nos ocurren y las que son nombradas también, los pipiolos, los liberales, el Frente Popular; son puras cosas como caídas, todo se cae. Entonces, como todo se cae, siempre lo que vuelve es un resabio de lo que va quedando, se va cayendo, se desmorona, entonces van quedando los escombros y sobre los escombros se escriben otras cosas que se caen sobre los escombros, que es como la última tesis, la última escena de la obra.
Esa mirada es un poco fatalista.
Absolutamente.
¿Y por qué dices que representa a Chile?, ¿o a todo el mundo?
Creo que nos representa a nosotros, pero igual la obra es positivista en el sentido de que Marmaduque históricamente termina deportado en Isla de Pascua junto con sus compañeros de aventuras. En cambio, yo lo termino como un desaparecido, como alguien que anda por ahí y que puede aparecer en cualquier momento y en cualquier momento te va a llamar a la utopía de nuevo, entonces ese momento es bonito, porque no es negro, no es oscuro, está la oportunidad de que lo vamos a esperar y ojalá que llegue lo antes posible y vamos a empezar de nuevo con ganas otra vez.
Termina con una empezada, en ese sentido no es oscuro, no es callejón sin salida, no po, somos así, es como asumirse, porque cuando uno está en la batalla en que las cosas no te resultan, no se tiene la capacidad de verse muy de afuera. Esto yo lo digo para la vida, como historia, la vida de todos nosotros, qué sé yo. Desde esa perspectiva no es fatalista, no es oscura, es una comedia, en el fondo nos estamos riendo, no es como clavar el puñal. Mejor reírse para no llorar.
¿Cómo evalúas el trabajo de los actores, te ha gustado?
Sí, por supuesto. La veo de a pedazos, la primera vez que la vi completa fue el 2008 en la Muestra de Dramaturgia y después la vi a pedazos, y se ha ido afiatando. Indudablemente que entre más la das, más crece, más crece, más crece, más crece, y lo encuentro genial. Todo lo que Pablo Krögh ha hecho está súper bien, todo el elenco está parejo, lo cual a mí me gusta, eso es un grupo.
¿Cuál ha sido la recepción que ha tenido El avión rojo durante esta temporada en el teatro de la Universidad Católica?
El público se divide principalmente en dos; uno es el estudiantado, la Universidad Católica lleva ya bastante años creando futuros espectadores de 20 años, entonces hay una demanda de estudiantes que son un público mucho más chisporroteante y distinto al público un poco más serio que va los jueves, los viernes y los sábados habitualmente. Lo importante que tiene la obra es esa capacidad de ser bastante amplia porque llega a niños desde séptimo básico, pasando por el adulto y terminando en el adulto mayor también. Marmaduque está como en el inconsciente colectivo de mucha gente, '¡quién manda el buque, Marmaduque!', entonces ha habido una muy buena recepción, hemos ido de menos a más, la cantidad de gente ha ido en aumento y eso habla bien de la puesta en escena, del montaje; porque finalmente la obra escrita es papel, lo importante es ver las luces, ver el momento que en que se hace teatro. En ese sentido, Hernán Lacalle ha hecho un súper buen trabajo junto a los actores, porque ha sido dinámico, entretenido.
Pasando a la contingencia, año de elecciones. ¿Crees que puede cambiar algo en el ámbito cultural, en el ámbito teatral respecto de la política cultural dependiendo de quién salga electo?
No, yo creo que no. Creo que los presupuestos se pueden ampliar, se pueden apretar... pero no hemos tenido mucha política cultural en general. Ha habido buenos intentos, tenemos que llegar al pueblo, tenemos que llegar a la gente, el teatro no es algo que sea necesario en este país, no lo veo así. En ese sentido yo me siento bien con la historia de Marmaduque porque es una historia chilena, si nosotros sabemos tanto de los gringos es porque nos han tirado mucha información y sabemos qué comen, cómo viven, por las películas principalmente, cómo son sus relaciones; nosotros, mirando nuestra historia, podemos llegar a conocernos más, a mirarnos un poco más el ombligo, y en ese sentido este Bicentenario, que ha sido bastante más mediático, ha abierto a los canales de televisión a hacer historias de nosotros. |