¿Por qué te fuiste de Chile?
Mis viajes siempre fueron por motivos de formación.
Hubo dos, en 1998 cumplí el sueño de niño de cruzar la cordillera y llegué a Buenos Aires. Fui a un festival latinoamericano de mimo llevado por Leopoldo Martínez, a quien considero mi maestro.
Después vino el gran viaje, que fue para estudiar con Marcel Marceau en Paris.
Aquello que yo encontré y que buscaba, que era una raíz profunda en el mimodrama, no estaba aquí en Chile. Noisvander ya había fallecido y él trabajaba algo más cercano a la pantomima y yo buscaba algo que tenía más que ver con el mimo corporal dramático de Decroux.
Después de la escuela de Marceau, quién si bien era discípulo de Decroux trabajaba la pantomima, regresé a Buenos Aires a estudiar con Ángel Elizondo, otro discípulo de Decroux más orientado al mimo corporal. Puedo decir entonces que luego de estudiar en la escuela más famosa del mundo, me fui a la escuela más antigua del mundo, que no es la más popular por cierto.
Actualmente la escuela más importante del mundo en el género es la escuela donde yo me diplomé en Londres que es la Escuela del Mimo Corporal Dramático.
¿Cuál es la diferencia entre mimo dramático y pantomima?
Bajo la concepción de mi formación creo que primero tendríamos que definir qué es mimo. El mimo es un arte. Es una sucesión de acciones en tiempo presente. La pantomima tiene como recurso el gesto, base para lo expresivo y lo comunicativo. Y no así el mimo, que busca en la acción. El mimo corporal dramático de Etienne Decroux es específico, busca a través de una gramática corporal o poética corporal creada por Decroux inspirado en las figuras de Leonardo da Vinci y en los estudios de Gordon Craig, quién trabajó la súper marioneta.
Desde la estética, conocemos en la pantomima a quien fue mi maestro Marcel Marceau que llevó el rostro blanco al mundo, que viene de la tradición de la comedia francesa.
El mimo corporal dramático no prioriza el rostro, lo deja desfasado por el torso y el cuerpo desnudo.
De Marcel Marceau ¿Qué aprendiste?
Cuando él llegaba a la escuela tu veías a un señor muy viejito, canoso, su pelo crespo, corvado, con una maleta que arrastraba con ruedas y que nadie sabia que cosas tenía dentro.
Él entraba, pasaba la lista y en ese momento pinchaba la columna y ese hombre rejuvenecía 25 años. Hacía su clase y estaba sostenido, vigoroso, pese a que cuando yo lo conocí tenía al menos 75 años. Pero pinchaba la columna y tenía una cosa en el cuerpo y un brillo en los ojos que el llamaba "fuego" y que decía que nunca había que perder.
Luego terminaba su clase y volvías a ver que ese cuerpo tenía 25 años más.
Entonces lo que aprendí de él fue esa actitud interna que debe tener uno como artista y como creador independiente del lenguaje que uno realice.
Y también otro legado que decía, era que había que tomar muy en cuenta cuáles eran las artes que habían previas a la nuestra. Porque generalmente tenemos la tendencia a ser huérfanos, a no tener padres. Y aunque no los conozcamos, los tenemos.
No podemos inventar vanguardias si no tenemos experiencia ni conocimiento de lo que hubo antes.
¿Dónde nace tu interés por el arte del silencio?
Marceau decía que el silencio no existía, el hablaba de su arte como "un grito del alma". Yo nunca me interesé por el silencio, a mi me interesaba este "hacer" con el cuerpo y siempre asocié al mimo como un artista que era capaz de esculpir con su cuerpo en el tiempo, en movimiento y eso fue lo que me entusiasmó.
Yo creo que la actuación tiene que ser ósea, arterial, nerviosa, muscular, intelectual y visceral y entiendo el silencio como una reflexión interna del alma.
¿Pero por qué el mimo y no otras disciplinas corporales?
Lo primero que conocí desde el cuerpo fue el arte del mimo.
En el cuerpo está la gran huella de la humanidad, o las cicatrices.
Mi búsqueda partió por el cuerpo y me interesó el mimo porque es muy matemático, es muy objetivo, preciso y técnico. A partir de ahí me metí en un montón de cosas que nunca pensé: la astronomía, la física, la biología...
Pero en Londres conocí la performance y me dicen Performer. Se me asocia a la danza pero yo no hago danza. La danza es un bello arte sin duda, pero ellos quieren volar, quieren ser pájaros y yo quiero ir a tierra, ser un topo.
Define entonces tu propio lenguaje
Definir viene de fin y yo prefiero que le de un inicio el espectador. Sólo lo denomino "escena física", porque funciona el lenguaje del mimo drama y el teatro como arte.
Soy partidario de algo que me enseñó mi maestro: un buen cortometrajista puede ser un buen largometrajista y al revés, pero un mediometrajista es difícil que logre condensar. Mi trabajo se ha centrado en hacer cortos, trabajando una rutina diaria de ejercicios a nivel muscular.
Trabajo con diseños de los 4 elementos: el cuerpo mineral (tierra) que trabaja los pies y las piernas hasta la pelvis; luego el cuerpo vegetal (agua) en la zona de las viseras, luego el cuerpo o energía animal (fuego) en el pecho y luego trabajo dándome órdenes desde el cerebro, que tiene que ver con el aire.
¿De donde nace "mutación", el concepto de tu espectáculo?
Esto viene de Jodorowsky que dijo una vez "yo no creo en la revolución, creo en la mutación".
Me di cuenta de que mutar es inevitable. Yo me levanto todos los días con la única certeza de que algún día moriré y veo la muerte como una mutación más. A los seres humanos no nos gustan los cambios, pero si lo analizas, todo está en constante cambio.
Y mi espectáculo ha mutado mucho.
En el 2001 duraba 3 minutos y trataba sobre un hombre que estaba asfixiado por la prensa.
Luego de 5 años, este corto creció a 7 minutos en Londres y ahora dura 45 minutos y ahora es una operación al cerebro. Y este pequeño diario se agigantó y yo aparezco desde debajo y cada cual, desde su propia experiencia, le da su propia lectura.
¿Pero cómo mantienes tu discurso entonces?
Hay algo que no va a cambiar que es la transformación y lo que hacemos, desde el donde estamos, para mutar.
Hay un patrón en común que es el derrumbe, que no tiene que ver con la derrota, si no con algo que cae y que luego, desde los escombros, renace. Frente a la circunstancia hay dos maneras de enfrentarla: dejar que esto que llamamos vida te sepulte o levantarte y ponerte de pié.
Ahora lo más probable sea que la gente lea en ella el terremoto y así mute otra vez.
Celedón y el Teatro del Silencio ¿Cómo fue la experiencia de asistir la dirección de Mala Sangre?
Yo nunca había estado en el Teatro del Silencio y para mi fue una gran oportunidad.
Primero por lo humano y segundo porque Mauricio es una de las tres personas que estudió en profundidad esto. El me hablaba de este nuevo traspasar, de que lo tenía fresco en el cuerpo. Significó pasar un ciclo y una nueva mutación.
¿Qué opinas sobre el actual teatro chileno?
Siento que hay muchos textos que a uno no le pertenecen y uno los dice igual. Me fui porque a veces veo en eso textos un potencial tan grande que el cuerpo humano no alcanza a llegar. ¿Cuantos artistas teatrales hay? A mi me interesaría ver artistas del teatro mas que actores. Yo creo que hay una búsqueda importante, hay gente con mucho potencial y que hay grandes artistas del teatro, todos con canas por cierto, que podrían nutrir a los jóvenes. Pero falta necesidad. Hoy el teatro no es peligroso, no le molesta a nadie. Yo veo el teatro actual como un adorno.
Creo que, como artista, es muy bueno que haya pasado lo que pasó. Que haya algo que decir, que pensemos más en lo que vayamos a decir, qué es lo que vamos a poner en las telas o en el teatro. Espero que tomemos este momento político como una oportunidad, porque creo que hubo una comodidad muy grande.
Danos claves para el espectador sobre tu espectáculo.
Es un espectáculo sobre el cuerpo y el espectador debe entregarse y ver lo que llega ahí. Y por último, intentar darle rienda suelta al inconciente. Tiene una estructura muy clara, con una dramática muy clara y el espectador se va a encontrar con un cuerpo vivo, mutando ahí mismo.
¿Y el taller?
Será en la Máquina del Arte, que es un centro de creación e investigación teatral donde hay un acento pedagógico por enseñar técnicas sin pasar necesariamente por la premisa de quién las enseñe.
La gente que venga a estudiar conmigo no va a aprender mi poética corporal, si no aprenderá una gramática que le permitirá al alumno desarrollar su propia poética.
Va a durar 4 meses y tratará sobre la actuación muscular, como aplicar la vivencia personal, el ser y estar y gramática corporal.
Más info en www.lamaquinadelarte.cl
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