Hay una gotera. Incansable, que deja un hilo de agua en el escenario. Una poza que marca, que Rosa María Landabur, en su papel de "La Tía del Aseo", se esfuerza por borrar, por limpiar, con diarios, con lo que sea, pero que en el fondo no se borra, se oculta, se parcha, se tapa con diarios. Son los restos de un remezón, de un terremoto que fragmentó a un Chile enfermo.
Landabur es una de las nuevas adquisiciones de la Compañía "Teatro MiEnfermedad", que presenta el último trabajo del actor, director y dramaturgo, Matías Paul: Tercera Estación - Enfermedad es el cierre de la trilogía "Herencia", que Paul comenzó con Primera Estación - Sin miedo y Segunda Estación - Amor. Esta última entrega, ambientada en un hospital, cuenta la historia de un Chile enfermo y duro, representado por dos hermanas cuya madre murió en un hospital, el mismo (u otro) donde deambulan las representaciones de personajes: el doctor es un "Diazepam pa'l corazón", hay un "Enfermo de Chile", la enfermera, y el personaje de Landabur, "La tía del Aseo", una bocanada de aire fresco en una obra donde abunda la ironía, el humor negro y el sarcasmo.
A su personaje le duele, le arde el pecho, se le "tranca la garganta de pena y parece que necesito una curita gigante pa' esta hería abierta... Me pu´e dar un diazepam?", le pide al doctor. Y con sus memorables entradas con música, su personaje ayuda a contar esta historia del Chile enfermo, en un trabajo de compañía que funciona como reloj: cada escena potencia a la otra.
¿Cómo definen el trabajo coral de la compañía? ¿Cómo se potencian entre sí?
La obra está articulada como un relato que se configura a través de las relaciones de los distintos personajes que comparten el espacio del Hospital. El trabajo coral se conforma como un modo de contar lo que ahí sucede desde la particularidad de cada personaje, y los encuentros en este espacio develan las relaciones de jerarquía, de poder y de afecto. El trabajo de sostener la obra en conjunto con los compañeros es un bonito desafío, comprendiendo que cada rol es importante para el relato del montaje. Nos apoyamos entre nosotros y entendemos que el recorrido de cada personaje en la historia influye en el desarrollo de nuestro rol, que lo que sucede o lo que nos sucede, es a causa de los que están ahí, de la historia de cada personaje y del lugar que habitamos, el Hospital.
¿Cuál es tu papel y cómo lo definen?
Mi rol es "La Tía que te hace el aseo". Es un bonito rol, reconocible para todos nosotros. Todos alguna vez hablamos con la tía que hace el aseo de nuestro trabajo o lugar de estudio. Yo me siento muy orgullosa de representar ese lugar. Es un espacio periférico, que nos habla de la periferia de nuestro país. Un personaje cotidiano que siempre está, pero que muy pocas veces vemos o tomamos en cuenta. Personalmente me seducen este tipo de personajes, porque considero que tienen una gran sabiduría, que comprenden el mundo mucho mejor que nosotros y que se desenvuelven en sus medios de manera natural, con humildad, con alegría, con transparencia; que hacen bien la pega. Esos trabajos que nadie quiere hacer, como los de limpieza, o como las nanas, o cualquier oficio considerado menor.
¿Cuál fue el desafío más grande al momento de interpretarlo?
Estas personas son las que hacen que la sociedad funcione, son los que reconstruyen el país a pulso, son como las hormigas, que le ponen empeño día a día en la pega para llevar el sustento a sus familias. El desafío más grande para mí fue retratar ese rol y poder hacerle honor. Me planteé el objetivo de dignificar ese lugar y de ponerlo en escena desde la naturalidad, desde su comicidad y la alegría que transmiten las tías del aseo. Esa transparencia de contar lo que les pasa sin grandes tapujos, sin nada que esconder; (es un poco niña en ese sentido) y mostrar esa sabiduría natural. Además esta tía del aseo perdió a su familia en el Maremoto, lo cual le da otra capa al rol, una tristeza constante, velada, siempre a punto de explotar; pero una resilencia impresionante, de poder seguir trabajando y salir adelante con lo que le pasó. Observé mucho, recogí actitudes, gestos, pero sobre todo traté de darle un espíritu particular y a la vez reconocible para el espectador.
Para Landabur, que también es directora de la compañía Teatro La Santa y que el 2010 dirigió el montaje "M.A. Héroe de Peñablanca", pronta a reestrenarse a fines de septiembre, esta obra es "una metáfora de país, de Chile, un Chile enfermo que se relaciona de manera enferma, donde el poder y la jerarquía impera sobre las personas o sus afectos. Donde buscan salidas parche para sus problemas en vez de tomar el riesgo de vincularse de verdad con un otro, de compartir la pena".
¿Como compañía, qué fortaleza sienten?
Como compañía tenemos la capacidad de entregarnos al trabajo de creación de manera generosa, sin prejuicios, y de probar en escena lo que nos propone el director y los compañeros. Además los compañeros nunca juzgan o prejuician el trabajo de uno, sino que permiten que el proceso individual suceda, dando una libertad de creación muy importante para encontrar, comprender y crear desde el hacer, desde la investigación en escena; desde la construcción personal y grupal para llegar a buenos resultados. Somos una compañía que creemos en el trabajo que hacemos, que defendemos el discurso en el escenario porque creemos necesario decir eso que estamos diciendo, sobre todo ahora, con esta situación que tiene a todo un país movilizado.
Qué hace que sea un montaje potente?
Porque habla de Chile, de las causas de la situación actual que está ocurriendo en nuestro país. Porque nos presenta el sistema de salud y hace una crítica ácida a través de un hospital público; nos muestra las relaciones y los abusos que se generan en ese micro-macro-sistema. Es una obra que ofrece una fotografía de la identidad chilena en sus lugares de trabajo y de las relaciones viciadas que se conforman. |