¿Cómo definirías el proyecto de El gran Bang?
El gran Bang es definitivamente una obra de teatro. Yo diría que es un espectáculo teatral; es teatro porque aunque intentamos hacer algo de música todos somos actores, contamos algo sin una narración específica, sin un tiempo determinado, pero esto es lo que sabemos hacer.
¿Cómo surge la idea de hacer este espectáculo?
Esto partió el año pasado a partir de una investigación de tesis que se enmarcaba en las distintas relaciones que se pudieran establecer con el espectador. Se medían las reacciones, si es que el espectador respondía a determinados estímulos, sobre todo a la sorpresa. No hay una historia si no que se utiliza el espacio para establecer acciones y generar una sorpresa, una interacción con el espectador.
¿Como se hace una obra sin una historia?
Lo que hicimos fue investigar sobre el espacio. Básicamente nos preocupamos de ver qué se podía hacer en este espacio que fuera en 360 grados y que permitiera que el público fuese parte de la obra. Así llegamos a establecer temáticas de investigación escénica como por ejemplo la fiesta. Observamos distintas corrientes de festividades populares y ritos, sin embargo terminamos por indagar en la fiesta que nosotros conocemos y que comprendemos desde nuestra propia experiencia. Empezamos entonces a seleccionar ciertos eventos que nosotros encontrábamos se repetían en las fiestas: el alcohol, una pelea, un enamoramiento, un volado, la comida, etc. Construimos la puesta sobre estos estímulos.
¿La puesta se construye sobre la base de estos estímulos? ¿Cómo fue el proceso de construcción dramática?
Todos trajimos distintos referentes, partimos siempre desde una premisa física que tenía que ver con la sensación que teníamos nosotros mismos de estas acciones. La idea era partir desde el cuerpo, desde nuestros propios cuerpos. Los referentes que encontramos nos llevaron a ocho o nueve escenas que ayudaron a crear la obra. Yo diría que la construcción dramática es más sensorial y física que narrativa y textual.
¿Cuáles son los temas de esa narrativa?
Los temas giran en torno a la fiesta como eje central. Nos preguntamos sobre cierta incapacidad que tenemos para celebrar muchas veces y nos dimos cuenta que tenía que ver con nuestros pudores, con cómo estamos situados en un determinado momento histórico cultural. En nosotros está la necesidad de hacer fiestas, de celebrar, de poder hacer que el cuerpo aparezca a través del baile, de perder o inhibir el pudor, de ponerse nuevas reglas. La fiesta nos plantea un choque contra nosotros mismos porque muchas veces nos transformamos en un “otro”.
¿Cuáles son las premisas de actuación que trabajaste como director?
Una base importante fue decidir no actuar. Buscar lo sensorial y el nivel de realidad. Si no se produce el diálogo con el espectador no es la idea forzarlo. En términos de actuación hay dos lugares: uno bien concreto que tiene que ver con dónde me paro, cuál es mi acción etc. Y otro lado mucho más improvisado que tiene que ver con lo que ocurra con el espectador o en al pelea. Nosotros tenemos principios físicos que surgen como ciertos referentes.
¿Cómo cuáles referentes?
Por ejemplo, un referente físico era el tango. Nosotros aprendimos tango pero agarramos sólo la cadencia o la movilidad que nos pareció interesante. Eso es un principio, decir que un personaje se mueve de esta manera en determinada escena. Es una imposición física para la construcción de situaciones y personajes. Hay también patrones como el ritmo, la iluminación etc. Pero es interesante porque nunca se sabe lo que va a ocurrir. Si queríamos apelar a la experiencia del espectador, teníamos que apelar a nuestra experiencia. Aún así nunca se sabe cómo va a responder el público.
¿Cómo ha sido la interacción con el público?
Esta es una obra muy interactiva, donde nosotros teníamos nuestra propia pauta, sin embargo da lo mismo porque las funciones han sido muy distintas. Lo que hacemos es finalmente plantear imágenes y apelar a lo sensorial del espectador. Esto se ve, por ejemplo, en una escena que habla sobre la comida donde ofrecemos sólo imágenes y cuando vemos que alguien engancha con eso, podemos acercarnos. Siempre tiene que ver con cómo reaccione el espectador.
¿Le cuesta al espectador establecer esa interactividad?
Depende, hay escenas que son más cercanas y otras más distantes. Esta escena de la comida es la prueba de fuego. Tiene que ver con muchos factores igual, como por ejemplo, la cantidad de espectadores que asistan. En general, si son poquitos, tienden a refugiarse en lo que hagan todos. Nadie se va a poner allá si no hay otra persona.
Plantea esta disposición escénica en 360º ¿tiene que ver con esa cercanía con el espectador?
No queríamos que hubiese una diferencia. No queríamos esa distancia entre actor y espectador. A veces se logra, pero también hay muchos riesgos en quebrar ese espacio. Hay veces dónde el público ha dialogado más y terminan por convertirse en parte de la escena y el espacio en 360º empieza a generar esa ruptura, ese quiebre. El lugar no está dado entonces por la ficción, sino por algo netamente situacional.
Pero entonces la obra depende mucho del espectador y las situaciones que se generen…
Yo creo que es como en todo tipo de teatro. La obra se basa en el ritmo y la energía de los actores pero hay un 70% que depende del espectador. Si no se genera empatía, por donde sea, cualquier puesta en escena no va a funcionar.
¿Cómo definirías el rol de la música?
La idea siempre ha sido que la musicalidad incida en los actores pero también vise versa. La música nunca ha sido un mero acompañamiento de la escena sino que indaga junto con los actores en sonoridades relacionados con el movimiento en el espacio. La música entra a dialogar con el espectador y nunca va a ser más o menos fuerte de lo que ocurre en escena.
¿Crees que ha sido ventajoso o perjudicial estar en una temporada en enero, junto con el Festival de Santiago a Mil?
Era difícil imaginarlo al principio pero también gracias al Festival la gente va mucho al teatro en enero. Hay mucho teatro y la predisposición de las personas a ir. El lugar donde estamos también es muy reconocible lo que ayuda sin lugar a dudas. Esta es una obra que necesita del público para funcionar.