¿Cuáles fueron las mayores dificultades al abordar un texto de Anton Chejov?
Convengamos que Chejov no es un autor fácil. Precisamente es un autor que esconde todo y eso es lo que hay que desentrañar. Hubo que bucear en el texto para poder comprenderlo lo que nos tomo un tiempo. También, este texto es de aproximadamente cien años atrás y hubo un desafío al querer re contextualizarlo y traerlo al hoy. Estuvimos constantemente cambiando la obra, hubo una búsqueda que duró todo el proceso pero siempre intentamos ser fieles a la idea de que esta obra pudiera resonar hoy.
¿Cómo fue el proceso de adaptación del texto? ¿Cuánto hay de Chejov en esta adaptación?
Bueno, de Chejov no puede haber mucho porque hay que asumir que uno no lee ruso y, por lo tanto, accede sólo a un sin número de traducciones. El texto yo lo adapté para tratar de que el lenguaje fuera lo menos antiguo posible, menos formal. A través de esto, pude poner en escena las ideas de cómo yo quería encausar el montaje.
¿Y cómo querías encausar el montaje?
Que hiciera sentido hoy, que cuando habláramos de los bosques y de esta existencia que no tiene sentido pudiera resonarnos ahora.
¿Crees que el texto de Chejov necesita una adaptación para resonarnos hoy?
Para mí no es suficiente con el texto porque la dramaturgia está hecha para ser completada en el escenario. Este texto requería ser desentrañado en la escena porque es muy teatral, es dramaturgia pura.
Dentro de tus referentes reconoces una admiración por el trabajo del argentino Daniel Veronesse. ¿Qué tomas de él en la creación de esta puesta en escena?
Yo creo que la esencia, la espacialidad, lo asfixiante, lo realista. Ahora, esos son elementos bastante formales que, si bien uno los toma como referencia, en esencia son propuestas bastante diferentes. Lo que yo rescato de su trabajo es que se desprende una humanidad que se ve reflejada hacia fuera del escenario y eso es digno de imitar. Nuestro espacio es muy distinto también: es más joven y más radical.
La puesta en escena y su dirección, tiene un acento fuerte en las actuaciones. ¿Cómo es el proceso de creación actoral?
Nos enfrentamos a muchas metodologías de trabajo. Cuando enfrento una obra busco mecanismos para que la idea se articule, pero, en este proceso pasamos por muchas formas: por improvisaciones, por estructuras que se armaban y se desarmaban, fue muy creativo pero también angustiante porque estuvimos rompiendo todo el tiempo lo que construíamos.
¿Qué relación generas desde la puesta hacia el público?
Una relación importantísima. La sala es chica porque plantea un acercamiento del espectador. Me gusta que éste lo pase bien y no se sienta violentado, que sea parte de un rito donde hay dos seres humanos comunicándose.
Ya estás al final de un largo proceso de creación y montaje. ¿Qué rescatas de esta experiencia?
Me sorprende la confianza del grupo en uno y en las ideas. Hay una confianza profunda de autocrítica que sirve mucho en el proceso del ejercicio creativo. Eso es muy valioso y sin duda una de las grandes experiencias que he tenido en la dirección de este montaje.