| Reseña Obra ganadora Fondart 2006, se define como teatro de muñecos planteada para niños mayores de 8 años tanto como para adultos.
En un teatrito a escala actúan tres muñecos de unos setenta centímetros con cuerpos de madera, manos y caras de espuma látex, cinco títeres y cuatro actores vestidos y enmascarados de negro (para mimetizarse con el fondo) que los manipulan a través de varillas.
Las voces de los personajes fueron grabadas por actores que completaron su personalidad. También fue necesario crearles un universo y una iluminación a su altura para dar la ilusión de un montaje realista en miniatura, apoyando el relato con animaciones y música original y una máquina giratoria con una multitud de personajes que simulara la gran fiesta a la que el protagonista es invitado.
Fueron casi dos años de intenso trabajo en el que la compañía se entregó afanosamente a la medieval tarea de adaptar, diseñar, fabricar, buscar y ensayar movimientos humanos y poner al servicio de la historia cada detalle para contar el cuento ruso de carácter universal, considerado por Dostoievsky como una obra fundamental. "Todos salimos del capote", dijo, probablemente sin sospechar que de un siglo y medio más tarde, en 2008, en Santiago de Chile o en cualquier lugar del mundo, su vigencia permanecería con la misma fuerza, desgranando en cada escena la vida mínima de su protagonista, Akakiy Akakievich; un ser humano como muchos, sin éxito, que gasta sus horas en un trabajo que lo resigna. Un hombre solo, sencillo y sin ambiciones, que deambula en su espacio diminuto de manera ordenada y en silencio. Un hombre bueno y, por lo mismo, escaso.
Pero un día, algo lo sacude. Un suceso que pareciera una mala noticia, el desahucio de su viejo y agujereado abrigo en el gélido San Petersburgo lo despierta del letargo y sumisión. Se hace imperioso conseguir uno nuevo, algo fuera de sus posibilidades económicas.
Por primera vez brota su empeño vital. Consigue un motor existencial para esa vida aparentemente infrahumana y desamparada. Pero el sistema y el destino se ciernen sobre los mortales y Akakiy no será la excepción. |