04 de Mayo 2009
Claudia Candia
Actriz de Ventrilocas 
 

La actriz y ventrílocua Claudia Candia nos asombra con su muñeca Albertina Rossell en la obra Ventrilocas en cartelera en SIDARTE. Personaje desfachatado, Albertina nos habla de la mujer, de sus deseos y sus ganas de libertad en una sociedad aun tradicional, sin pelos en la lengua. A través de cantos y muchas risas, el público aprende a amar a esta singular muñeca.  

Por Amalá Saint-Pierre

 

¿Cómo llegaste a este género? ¿Se le puede llamar género?

Sí, un género, una disciplina también. Llegué a esta disciplina por un ejercicio de relajación cuando estudiaba canto lírico en mi escuela de teatro en Madrid, a través de un ejercicio que se llama “Air Free” en donde el aire pasa por la garganta y te relaja la faringe. Eso te produce una relajación tal que me llevó a poder hablar sin articulación. Indagué en el Cabaret Musical, en donde creé el personaje del ventrílocuo, pero nunca tomándomelo en serio. Era considerado de muy bajo perfil, como un arte menor. 

¿Cuándo volviste a Chile a poner en práctica esta disciplina?

Volví hace tres años y en 2007 nació mi muñeca Albertina Rossell. Me demoré dos años en construirla, con la ayuda de Teatro Periple y de Guido, un excelente realizador técnico de la Universidad de Chile. 

Ventrilocas, tu nuevo espectáculo, pone en escena a tu alter ego, la muñeca Albertina Rossell. ¿Cómo llegaste a construir este personaje?

Me da mucha risa cuando dicen que es mi alter ego porque es algo que nadie cuestiona. No estoy tan segura que lo sea. Una parte de ella sí lo es. Pero creo, y eso pretendo, que sea un alter ego social, que represente a la mujer contemporánea: desfachatada, la que va la disco, la que no le importa nada, la juguetona, la que quiere ser libre... Para mi es un mundo desconocido, porque es inconsciente. Es uno de los aspectos que el espectáculo debe potenciar.  

Albertina es esa voz inconsciente que habla de sexo, de libertad, de amor... ¿Cómo es la llegada con las otras mujeres?

Afortunadamente ha sido hasta ahora una llegada excelente. Todo lo que hace o dice Albertina le cae bien al público. Nosotras mismas como mujeres, en el fondo machistas, solemos reprimirnos, censurarnos, marginarnos. Albertina no tiene ningún prejuicio, al contrario, se le abren las puertas.  

¿Cómo fue el encuentro con Macarena Darrigrandi, la directora?

Fue muy difícil porque es una disciplina que no está desarrollada en el mundo del teatro. Proviene del Cabaret, de la Revista, pero no es considerado “teatral”. Sin embargo mi formación sí es teatral. Macarena Darrigrandi es actriz y tiene una profunda relación con el stand up, así que la invité y “arrastré” al proyecto. Reconozco que es difícil, porque yo tengo más claro que nadie lo que hay que hacer, sobre todo a nivel técnico; pero no podía ser tripartita. Entre las dos escribimos, la dramaturgia general es de ella, pero las ideas originales son mías. Aun hay cosas que hay que explotar, es un trabajo siempre en cambios, en reescritura permanente.  

Hay un tema muy interesante con los desdoblamientos o travestismos de la voz, en donde discierno cuatro voces: la tuya como actriz, la tuya como cantante, y las voces de Albertina Rossell “actriz” y cantante a su vez.. ¿Cuál es para ti la importancia de la voz?

El tema de la voz es algo que me apasiona. La vibración sonora es una cosa exquisita! Creo que cuando una persona canta es cuando más logra “ser”, cuando más desnuda tu voz está. Por eso le es tan difícil a las personas. En esta necesidad de encontrar su “ser” está el cantar. No sé si cante bien, no es el propósito, pero es lo que me moviliza. En la obra, Albertina me dice “Ya po, canta”, y le respondo “No, canta tú”...y así en un juego del “ser” a través del canto.  

¿Cuál es el próximo paso para Albertina?

Tengo en carpeta un proyecto con Nelson Vergara, quien hizo la música y los arreglos en esta obra, un excelente profesional. Tiene una experiencia profunda con el teatro, trabajó por ejemplo con Andrés Pérez. Me sugirió de hacer una trilogía con mi muñeca, siempre con el canto como eje conductor...