Interviú. Rosa Ramírez

¿DÍA NACIONAL DEL TEATRO O DÍA DE ANDRÉS PÉREZ?
 

Mundialmente el día del teatro se celebra el 27 de marzo, fecha en que en Chile ni nos enteramos que en el otro hemisferio están tirando las butacas por la ventana. Aquí el proyecto de Ley establece el 11 de mayo, día en que se conmemora el natalicio de Andrés Pérez, como el elegido para las teatrales celebraciones. Fuimos a la Carpa del Gran Circo Teatro a hablar con Rosa Ramírez, cabeza de la compañía y gestora de esta celebración por sexto año consecutivo.

 

El Día Nacional del Teatro es una celebración con carácter de reivindicación impulsada por el Gran Circo Teatro desde el 2002, que con el paso del tiempo, tuvo la necesidad de institucionalizarse. En el proyecto de ley se sugirieron diferentes fechas, pero el Gran Circo Teatro defiende el 11 de mayo por su sentido histórico y ritual: "En este país no hay memoria histórica. Ese día, cuando nace Andrés, que es un ser muy extraordinario en el mundo de la creación, nos dijimos: tenemos que hacer algo en el cual le demostremos al país que Andrés sí era un gran creador y que fue castigado y despreciado por ser la persona que era" . Cuatro meses después de la muerte de Andrés Pérez, la compañía seguía traumatizada por el dolor de la pérdida  y eso fue lo que motivó una celebración masiva en el día del cumpleaños de Pérez, aunque se hable de todos los teatristas y la convocatoria sea popular. "Andrés no es el peor ni el mejor teatrista, es uno más, pero para nosotros es el más trascendente. De él escuché toda mi vida hablar sobre que el teatro es de todos y  para todos, de dignificar este oficio, de ser cómplice en la belleza, del teatro como alimento espiritual y como un rito".

Respecto del día Internacional del teatro nos comenta que el nexo se perdió y que,  según su parecer, tampoco tiene tanto bombo en Europa porque están todos muertos de frío. Sin embargo " ellos tienen una necesidad respecto a la cultura. No tienen un festival veraniego que les robe el alma y después los deje en pelota y hasta el grupo más marginal tiene las comodidades mínimas para trabajar" y que eso en este país no existe, sobre todo para los "perdedores que no tenemos acceso al poder, porque así no hay igualdad de posibilidades", comenta enojada al referirse a las veces en que inspectores municipales intervienen las funciones de la carpa.

Sin embargo Rosa lucha y tiene ganas de celebrar, por lo que junto a los 6 integrantes actuales de la compañía,  el Consejo Nacional de la  Cultura y las Artes , Sidarte,   las escuelas de Teatro de la Universidad de Chile; DUOC UC, Universidad del Desarrollo, actores Independientes y la afamada Romero Y Campbell, son los organizadores titulares de la celebración de este año, que cuenta con un número importante de tertulias reflexivas sobre el quehacer teatral, funciones a $1000, talleres en diversos barrios santiaguinos, funciones en calles y hospitales, para finalizar con un gran carnaval el día 12 en donde todos, actores y espectadores, podrán sumarse al festivo tránsito entre la Carpa de Plaza Italia  y el frontis del MAC.

"Llegará el día, me imagino, en que el 11 de mayo sea un día instaurado, donde no haya
que pedir permiso para hacer las cosas", nos comenta la consagrada Negra Ester, mientras tramita los detalles de las tertulias, contesta mails,  barre la carpa, lee sobre la Isadora Duncan, pregunta por el almuerzo y se aburre de pelear.

Respecto a las actividades programadas,  Rosa enfatiza que la convocatoria es totalmente abierta y que puede sumarse el que quiera, hace una invitación a participar del carnaval demostrando todo el imaginario en la creación de disfraces, a asistir a las 17 salas de teatro que tendrán descuentos importantes, a que los actores callejeros salgan a las calles y a que las tertulias se repleten... Que ojalá nadie diga que no se enteró que el 11 de mayo los actores chilenos celebramos el teatro.

¿POR QUé?

Así se titula el nuevo trabajo de Rosa Ramírez que estará en funciones durante mayo en la carpa del Gran Circo Teatro, en Vicuña Mackenna 37.

Un monólogo muy teatral donde la actriz indaga en la vida y obra de Isadora Duncan, bailarina norteamericana cuya vida está repleta de pasajes y cuestionamientos vigentes hasta hoy.

Rosa advierte la obra como un regalo que ella se hace a sí misma, debido a que el discurso de la bailarina que encarna  apunta a la revalidación del ser humano como tal, a las rivalidades entre los que tienen el poder y los que no y al hacer del arte una herramienta de transformación que ayude al hombre a ser más íntegro, todos similares a los planteamientos de Pérez.