25 de Noviembre 2008
Juan Pablo Rosales
Director de la obra "Por Joel"
 

“Nosotros estamos buscando un público activo, no un público que se quede sentado o vaya a hacer digestión al teatro.” 

Por Joel es una obra escrita por el dramaturgo nacional Domingo Tessier. Una compañía emergente,  La Patria Muerta, ha tomado este texto y, bajo la dirección de Juan Pablo Rosales, la ha llevado a una puesta en escena contemporánea, que juega con el imaginario social para establecer un punto de vista sobre la sociedad Chilena. En esta entrevista conversamos con Juan Pablo sobre su primera experiencia como director y las distintas temáticas de este proyecto.

Por Pamela López

 

¿Cuéntame cómo la idea del montaje de Por Joel?

Esta compañía, La Patria Muerta, se forma el año pasado a partir de las inquietudes artísticas que teníamos Pía Salinas y yo. Nuestro primer trabajo como compañía fue Podría yo, obra que apuntaba a una investigación en teatro físico y dónde abarcábamos la línea del cuerpo y de la música. Después nos dimos cuenta que queríamos abarcar un texto y empezamos a buscar dentro de nuestra primera idea algunos textos de teatro griego. Por cosas del azar, llega a nuestras manos el texto de Don Domingo Tessier y al leerlo nos gustó mucho. Nos pareció interesante porque es una obra de la década de los ochentas que ya tiene un premio municipal encima y que se ha hecho muy poco en Santiago. Por otro lado, tenía una escritura Brechtiana que me llamó mucho la atención. 

¿A qué te refieres con estructura Brechtiana?

Me refiero a que está escrita a partir de recortes de prensa y que  por ende la dramaturgia se construye como un documento teatral. La obra se estructura a partir de cuadros que van generando opiniones. No tiene una estructura Aristotélica; de principio, medio y fin si no que cada cuadro tiene su propia resolución.  

¿Fue necesario adaptar el texto para la puesta en escena que realizan actualmente?

Aún cuando la obra era un muy buen material, nos dimos cuenta que había que hacerle cortes. El texto fue escrito en otra época, está basado en entrevistas del año  76 o 77 y había que entrar a adaptar. Formamos un equipo de trabajo y empezamos a sacar cosas que sentíamos que no nos servían para contar esta historia. Nuestra idea no era hacer la obra de Domingo Tessier, sino que a partir de ella generar una opinión y una mirada sobre Chile y nuestro teatro. Sobre nuestra propia mirada. 

¿Qué cosas se mantienen y cuales cambiaron en relación al texto original?

Se dejaron las ideas principales, los conceptos que servían para contar la historia. El final cambió porque era como de otra época.  Era un final mucho más político, que tenia que ver con el contexto de otra época. Fue muy bueno que Don Domingo nos permitiera hacer lo que quisiéramos con el texto. El nunca quiso ir a un ensayo y fue muy generoso porque nos permitió crear sobre el.   

¿Cuáles son los temas que te parecen más trascendentales dentro de la puesta en escena que abordan?

Me llamó la atención que el texto pone a los personajes en situaciones límites. La trasgresión de un hombre a un terreno privado y su acusación de robo hace que lo lleguen a matar, pero ¿vale eso la vida de un hombre? Yo no lo sé, pero esa interrogante me pareció interesante. Es una historia de una ira que está latente, y que refleja mucho de lo que pasa en el Chile de hoy. La obra también nos habla de una condición social, sobre cómo el poder del dinero puede manejar a las personas. También hay, en esta obra,  una opinión sobre la prensa, sobre la crónica roja y el poder que ésta tiene para encausar a las personas. A todos estos temas queríamos darle nuestra propia lectura.  

Como director ¿Cuáles son las premisas que hay detrás de tu trabajo en esta puesta en escena?

La línea de la compañía se interesa por las poéticas de Bertolt Brecht, Antonin Artaud y Barba pero esta vez quisimos indagar más en conceptos como la Chilenidad, el cuerpo, el texto y la pobreza.  Esos conceptos empiezan a formar la puesta en escena. Es ahí, en la búsqueda de todo esto, cuando salió un concepto muy interesante: la música. Yo siempre visualicé a Joel con música en vivo y por eso la incorporamos también. Al mismo tiempo no queríamos acordes o melodías sino música incidental. Así empezamos a componer a partir de referentes como Violeta Parra, música Chilena.  

En resumidas cuentas, no se si teníamos algunas premisas fijas, lo único que sabíamos era que no queríamos abordar la puesta en escena a través del realismo. Queríamos alejarnos de ese lenguaje para crear otro propio, sobre la mirada del propio personaje. El rol de los actores, en esta obra, es encarnar el concepto y ver a través de eso.  

¿Qué esperas del público que venga a ver la obra?

Nosotros estamos buscando un público activo, un público pensante y no un público que se quede sentado o vaya a hacer digestión al teatro. Por eso el texto a veces no tiene correlación con lo que los personajes están haciendo, por que quiero que el público cuestione la puesta en escena. Esa es la labor del teatro, aunque no sea capaz de cambiar nada.