27 de Julio 2009
Los Amigos de Chile
Compañía emergente
 

Los Amigos de Chile son una Compañía formada por actores jóvenes que no sólo buscan generar un lenguaje particular a través del teatro, sino que además se encargan de recalcar que su amistad es la base del trabajo colectivo. Dirigidos por Nicolás Espinoza, los actores Leonel Arregui, Felipe Molina y José Manuel Aguirre se encuentran terminando la segunda temporada de su opera prima: Una Bomber, obra que será parte del 9 Festival de Nuevos Directores organizado por la Universidad de Chile. La obra, que indaga en la inconsecuencia como concepto movilizador de la acción, nos obliga a reflexionar sobre temáticas profundas, sin embargo éstas,  pasan a segundo plano cuando el público descubre que está frente a una instancia que lo obligará a quebrar sus propios límites y su rol de espectador.

Por Pamela López

 

¿Cómo se genera la idea y el proyecto de Una Bomber?
Nicolás Espinoza (N.E): Todo parte cuando estaba por terminar mi carrera de actuación. Me encontraba en un momento dónde veía muchas obras, incluso de compañeros, que no me satisfacían mucho. No era por las temáticas ni por las opciones estéticas, sino por una pretensión de acercarse al modelo tradicional de lo que debería ser un espectáculo teatral. Descubrí entonces que la única manera de generar un lenguaje teatral particular era con amigos. Emprendí un viaje y me reencontré con estos amigos y otros que ya no están. Los convoqué a trabajar juntos y de ahí nace Una Bomber.

Me hablas de una disconformidad con el modelo “tradicional” de hacer teatro. ¿A qué se refieren con “tradicional”?
Leonel Arregui (L.A): Nos referimos a que, en general, uno trata de trabajar con las personas que uno cree son los mejores actores o profesionales. Eso es una forma consciente y válida de generar un proyecto. Pero en este caso, Nicolás optó por trabajar con sus amigos. Esto es igualmente válido porque detrás de eso se postula que tanto el proceso como el resultado generan una instancia sincera. O sea, para que nuestra obra funcione, es necesario que seamos amigos que comparten sus sucesos.

¿Se refieren entonces a quebrar un modelo tradicional de trabajo, de ensayo, creación y gestión, o también buscan tensar la teatralidad “tradicional” desde el punto de vista artístico? 
N.E: También queremos quebrar con eso. Hoy en día hay preceptos teatrales de construcción artística: hay que tener un data show, hay que tener una sala determinada, todas esas cosas que se supone configuran el teatro de sala. Nosotros prescindimos de todo esto. Ahora bien, reforzando lo que dice Leonel, este es un espacio dónde uno realmente tiene la libertad de decir lo que quiera sin someterse a otra idea. En ese sentido nosotros nos reafirmamos como trabajo colectivo. Aquí existen roles, hoy soy el director, pero puede que mañana no lo sea.

Felipe Molina (F.M): Además de eso, uno confía en el director y en el actor porque como amigo puedes reconocer los talentos y defectos de otro. La amistad se pasa al escenario, pero es importante recalcar que no lo hace de una manera condescendiente, sino de una manera crítica.

Me queda claro de dónde surge la idea de Los Amigos de Chile. Pero ¿de cómo se gesta la obra Una Bomber?
N.E: Una vez que nos juntamos evidentemente había una idea detrás. Hace algún tiempo a mí se me había venido la idea de que para hacer un espectáculo uno podía tener diez escenas ligadas sólo por una idea en común. Si esas escenas creaban un concepto eran entonces capaces de generar un espectáculo. Así, nuestro concepto a utilizar en este caso es el de la auto destrucción. Generamos entonces una creación colectiva a partir de un concepto base.

José Manuel Aguirre (J.M.A): Los amigos de Chile funcionan en estos dos sentidos. Somos amigos entre nosotros, pero también somos amigos de este Chile que es lo que es. Hay una aproximación cariñosa y empática con la patria, con el Estado. Pero la imagen de Una Bomber era elocuente también. Theodore Kaczynski, auque terrorista,  fue tan consecuente que siendo odiado por toda una nación, fue capaz de cuadrar a los intelectuales con su manifiesto.

Ustedes trabajan de manera colectiva pero ¿qué implica esa colectividad? ¿No es el teatro de por sí un arte colectivo? ¿Cuál es esa forma particular de trabajo a la que se refieren?
J.M.A: Lo colectivo no permea sólo la motivación en la instancia
Creativa, si no que también la forma. En lo concreto no me refiero a qué solo hacemos un proceso donde participamos todos, si no que en la obra en sí, el público también es parte de ese proceso creativo. Por ejemplo, hay una escena en la obra dónde el público elige qué quiere ver: si una escena de una obra de Camus o una escena del Club de la Pelea. El espectador aquí se hace cargo de ser una audiencia activa y responsable. A mí me estimula esto porque creo que uno de los temas de la obra también es la consecuencia o responsabilidad. En este caso el que mira también es responsable de lo que va a pasar.

N.E: Claro, los temas son esos también. Partimos de la auto destrucción pero luego saltó a la inconsecuencia. Queríamos mostrar nuestras propias inconsecuencias a partir de una cierta teatralidad. Esto nace del hecho que somos actores, que dentro de nosotros está la consecuencia con nuestra autobiografía.  

¿Por qué eligen esas dos escenas: El club de la pelea y Los Justos de Albert Camus?
L.A: Esa película muestra generacionalmente lo que podrías hacer si te dejaras llevar por esas ideas de querer cambarlo todo radicalmente, validar tu existencia. Ese personaje de Brad Pitt es lo que uno haría si no tuviera miedo o estuviera inmovilizado por la sociedad.

J.M.A: Yo podría agregar de esa escena que hay un tema con el dolor. El liberalismo sostiene que hay que perseguir el placer, pero en esa escena hay un guiño que nos recuerda que le pertenecemos al dolor como algo edificante.

N.E: En el caso de Camus, Los Justos es una obra que trata casi lo mismo que esta obra: el hombre frente al poder y cómo atentar frente al zar para defender tu ideología. En esta obra nosotros decimos que el ser humano debe luchar frente así mismo y sus trabas para ser un individuo autónomo.

¿Y el público? ¿Qué rol juega?
F:M: Nosotros nos hacemos responsables de ser los actores, de nuestro camino recorrido, pero para nosotros es evidente que el público tiene que hacerse responsable de ser público. Nosotros les damos estímulos, pero bien lo dice el Leo al partir la obra “siéntanse libres de hacer lo que quieran”.

N.E: Queremos evidenciar ciertas convenciones que existen en el mundo teatral. Eso es lo que ponemos en tela de juicio. La idea es que el público sea parte de esto también. Aquí han reaccionado de distintas formas, incluso hay gente que se para y se va.  No pretendemos cambiar el teatro. Tenemos referentes maravillosos pero queremos hacer patente la conducta del ser humano.

¿Cuáles son sus referentes teatrales?
L.A: Yo recuerdo que hace tiempo atrás fui a ver la obra de Rodrigo García sobre Ronald Macdonald. Yo salí frustrado con su trabajo. No me gustó. Sin embargo, días después me di cuenta que eso me lo habían provocado pocas personas en el teatro y lo valoré.

F.M: En mi caso siempre me quedó dando vueltas una frase de Ramón Núñez: “En el teatro sólo se necesitan dos cosas, el actor y el público”. Muchas veces uno como actor es egoísta y se encierra en el trabajo propio, de cierta línea para acá. El público no es una masa, si no que son individuos particulares.

N.E: Para mí Rodrigo García por supuesto. También Rodrigo Canales. Del área de las artes visuales me interesó harto Alfredo Jaar y por otro lado un ensayista norteamericano llamado Henry David Thoreau.

¿Qué proyectos vienen a futuro para Los Amigos de Chile?
N.E: El primer gran proyecto es seguir siendo amigos. Luego de eso está la segunda obra que viene dada por la idea del viaje como concepto. Queremos tocar tanto el viaje físico, espiritual y mental. Nos interesa cómo uno encuentra su definición como persona en los viajes, cualquiera que éste sea.

En una palabra: Los Amigos de Chile persiguen…
J.M.A: El amor

L.A: Ser verdaderos

F.M: La consecuencia

N.E: Ser Feliz.