21 de Abril 2008
Pablo Casals
Director de la Compañía Teatro La Ceniza
 

" Nuestra propuesta tiene que ver con que primero el público no se aburra, que ir al teatro sea de verdad una experiencia."

Pablo Casals es actor y Licenciado en Cine Documental de la Escuela de Cine de Chile. Además, tiene estudios de Magister en Artes con mención en Dirección: Teatral en la Universidad de Chile. Ha trabajado en  diversos proyectos teatrales como Director de la Compañía Teatro la Ceniza, la cual se forma el año 2001 con actores y actrices de la Universidad Finis Terrae. Dentro de sus obras más conocidas destaca No soy la Novia (2003) y La Escalera (2005) ambos textos de la dramaturga nacional Andrea Moro. Actualmente está terminando la segunda temporada de su montaje Love   y comparte con nosotros su visión artística yel trabajo desarrollado dentro de su compañía.

Por Pamela López

 

Cuéntame un poco de la Compañía Teatro la Ceniza y cómo se conforman como agrupación.
La compañía comienza con Andrea Moro y yo, que éramos compañeros de actuación en la Universidad Finis Terrae. Ella se inclinó más hacia el lado de la dramaturgia y yo hacia el lado de la Dirección: por lo que el año 2002 decidimos participar juntos de un Festival de Dramaturgia dentro de la Universidad (dramaturgia breve) con su primer texto: No soy la novia . Ahí ganamos todos los premios, lo que fue un impulso para todos. Ella siguió escribiendo y yo dirigiendo hasta que formamos la compañía formalmente alrededor del año 2003. De ahí a la fecha hemos estrenado cinco montajes: No soy la novia y La Escalera, ambos textos de Andrea Moro. Luego indagamos más en la creación colectiva con puestas como  Se busca, Notas de Cocina y Love.

¿Cómo ha sido tu proceso como director  dentro de la compañía?
Hay dos partes: primero, el trabajo inicial, ligado a la experiencia de cuando uno entra a la escuela. Uno recibe una formación académica, muy buena, pero muy conservadora. Hay una manera que se enseña de ser actor o teatrista.

¿A qué te refieres con una manera de ser actor?
Una manera muy ligada a referentes extranjeros, con mucha importancia en el texto y poca en la visualidad.  Un trabajo actoral bastante realista. Uno sale escribiendo, actuando o dirigiendo de esa manera, entonces eso es un poco lo que fue nuestro primer trabajo: No soy la Novia y La escalera . Son puestas conservadoras, pero en el buen sentido de la palabra, utilizando bien los recursos que te habían dado y potenciándolos al máximo. Fue para mí un trabajo importante para soltar la mano como director, sobre todo en el rol de director de actores dónde se trabaja con las emociones. Fue un trabajo difícil pero fue la primera parte.

¿Y cuál fue entonces la segunda parte?
Después de La escalera , algo me pasó como director, empecé a descubrir que tenía otros referentes, que a mí me gustaban otras cosas. Entré entonces al mundo de la performance, del café concert, del collage, del music hall etc.  Me di cuenta de cuáles son los referentes sociales que tenemos hoy en día. Nosotros estamos inmersos en la era de la televisión, de internet, de la visualidad, del zapping y ahí hay un cuestionamiento teórico en dónde se expone nuestro trabajo. Finalmente este es un análisis o una  mirada de la sociedad actual que me obliga a mí a verla desde dónde quiero mirarla.

Hoy en día ¿Qué es lo que rescatas o no rescatas como referente del teatro actual dentro de tus puestas en escena? 
Por  ejemplo poner a una persona viendo una obra dos horas, en lo personal, es algo que a mí me daría mucha lata, y de hecho no voy mucho al teatro por lo mismo, salvo que sean compañías jóvenes de gente que yo sepa que está indagando en un lenguaje. En  gente como Francisco Albornoz, o la Manuela Infante uno ve que hay un cierto riesgo y se produce una fractura en lo que sería el texto para mí, ya que el texto comienza a ser otra cosa, un elemento más.

Mis referentes son muy postmodernistas y ahí hice un quiebre con la Andrea  Moro hasta ahora que intentamos volver con LOVE donde se produce un choque que tú lo puedes apreciar en la puesta: Hay un texto y una puesta que tal vez no dialogan del todo bien pero que llega a buen puerto. La experiencia más concreta que podemos  sacar es que hay un momento como de stand by del trabajo entre la Dirección: y la dramaturgia.

¿Cómo  ha sido el salto del trabajo con el texto a la creación colectiva?
Yo todavía estoy descubriendo cuál es la creación colectiva que nosotros trabajamos, y que tiene que ver con el grupo en el que trabajo. Aquí, el concepto de compañía aflora a un nivel estratosférico y creo que lo mejor que a uno le puede pasar es tener compañía como tal en todo el sentido de la palabra, donde hay un acto de fe, finalmente, porque somos todos de la misma generación.   La creación colectiva en la compañía parte de una propuesta o una premisa de Dirección: que yo todavía no tengo muy metodologizada. Desde hace tres montajes atrás  la Dirección: de actores entró en otro nivel de trabajo.

¿Cómo se hace la Dirección: de actores en una creación colectiva?
Yo no trabajo los personajes, el actor mismo o la convención. Prefiero trabajar el concepto de las personas y por ende, abandono un poco el trabajo de personaje y el concepto de Dirección: de actores en relación al personaje. Esto tiene que ver principalmente con la línea de actuación realista. De hecho, dentro de Love, hay una parodia que tiene que ver con eso, con el no saber muy bien que es lo que se está gestando ahora.

Al parecer la Compañía es crucial en tu trabajo como director. ¿Cuáles son las ventajas de trabajar dentro de una compañía establecida?
Lo primero es que logras crear un vínculo humano muy fuerte, lo que yo siento que es una de las grandes carencias teatrales actuales. Se ve en la puesta, el público ve que lo pasamos bien pero es básicamente porque somos nosotros haciendo teatro.  Yo le doy la importancia a l teatro en su justa medida, por un lado es un rol social, es lo que nos gusta, pero también hay cosas más interesantes. Son demasiado s los estímulos que hoy tenemos como generación cómo para no aprovecharlos. La ventaja es el vínculo humano y la profundización, lo que uno trabaja a nivel de Dirección:, de actuación, dramaturgia, lenguaje y puesta en escena. Hay un riesgo porque uno se está tirando a la piscina pero no lo está haciendo sólo sino que con gente que te va a apoyar. Uno se proyecta y se va profesionalizando, hay una pequeña empresa que se gesta detrás de nuestro trabajo.

¿Y las desventajas?
Las desventajas son que a veces uno se aburre, pelea, en la medida que vamos creciendo van surgiendo distintos intereses profesionales además de las dificultades económicas que esto pueda traer. Pero lo hemos ido superando de a poco. Este año por primera vez nos hemos abierto a otros proyectos teatrales, a otras posibilidades de trabajo. No lo veo como una desventaja sino como parte del proceso natural del ser humano.       

¿Piensas en el público antes de empezar un montaje?
Si. No pienso qué es lo que el público quiere ver porque si no haría otro tipo de teatro, o más bien teatro con otra calidad. Nuestra propuesta tiene que ver con que primero el público no se aburra, que ir al teatro sea de verdad una experiencia. El mensaje o la historia pasa a segundo plano, ya que una de las características del postmodernismo es que el espectador complete lo que se le entrega. Este es mi paradigma hoy, cambiarle la idea de la historia al espectador, me interesa que lo pasen bien y que se queden con lo que más les llegó.