28 de Agosto 2009
Trinidad González

directora de Fiesta

 

“En las sociedades, tal como las hemos ido construyendo en todo occidente, los seres humanos estamos cada vez más solos”

La actriz y directora teatral, reflexiona acerca de su nuevo trabajo “Fiesta”, una obra donde no existe la celebración, sino un espíritu latente de desesperanza y soledad.

Por Luisa Ballentine

 

¿Como definirías el concepto de fiesta a partir de lo que está plasmado en la obra?

Ésta es una fiesta donde no hay mucho que celebrar, no hay un espíritu de celebración, muy por el contrario, todos los componentes de esta fiesta están profundamente deprimidos, solos, desesperados, por eso es una fiesta bastante delirante donde se disfraza un estado interno que es de soledad, de angustia, cubierto con mucha risa, risa, risa risa. Finalmente no hay nada detrás de eso, no es una risa porque se esté festejando algo o exista una alegría de vivir.

Justamente te quería preguntar qué representa la risa.

La risa es desesperación. Hay que reírse, si no me río me pongo a llorar, si no me río me desarmo, entonces se ríen; es un estado desesperado, por eso es sumamente delirante. Me río para esconder, escondo, escondo; no es una risa simpática, a veces sí, pero muchas no, es molesta incluso para quien observa porque está separada de las emociones, por momentos es contagiosa, pero está escondiendo desequilibrio afectivo y, sobre todo, soledad.

Me imagino que la obra es agotadora para el elenco por todo lo que implican, especialmente, las risas.

Exactamente. Las risas son super pesadas y están, por reloj, riéndose más de 10 minutos al comienzo. Es super agotador, y que la risa sea fresca, natural y espontánea es difícil.

Lo que vemos en el escenario no es muy distinto de lo que sucede en una fiesta tradicional en la actualidad, ¿lo percibes de ese modo?

Creo que la obra es muy parecida a una fiesta chilena típica, a un carrete nocturno chileno medio pasado, es muy similar, pero está subido el tono porque estamos en un escenario y hay que llevarlo a un extremo. Esto es mucho más delirante, pero todas las situaciones son reconocibles. De nosotros los chilenos está presente el reírse de la diferencia, reírse de una persona que está en otro código, burlarse a espaldas de alguien, no poder bailar alegremente porque da vergüenza y la agresividad que hay en el ambiente y que en cualquier momento se desata a través de una pelea. Acá no hay una pelea, pero podría suceder en algún instante porque el ambiente es como una olla a presión, agresivo, no porque las personas quieran ser agresivas, sino porque están muy desconectadas de los otros.

Esa desconexión es sobre lo que nosotros pretendemos reflexionar al hacer esta obra, queremos decir que en las sociedades, tal como las hemos ido construyendo en todo occidente, los seres humanos estamos cada vez más solos, hay menos vida de comunidad y, en ese sentido, esa soledad va generando angustia y temores muy fuertes y un desequilibrio afectivo absoluto que crea sociedades muy agresivas.

Estos jóvenes, ¿cómo son en la vida diaria, cómo son afuera de esta fiesta?

Como cualquiera de nosotros. Hay un intento por mostrarlos del modo más neutro y universal posible, para que cualquier persona se sienta identificada. Creo que todos nosotros hemos pasado alguna vez por una fiesta de este tipo, es muy reconocible. Ellos, en su vida cotidiana, son gente normal, estudiantes, trabajadores; tampoco hay una edad definida, no son adolescentes pero se comportan como tales, tienen todos arriba de 25 años y algunos pueden estar rondando los 40, pero actúan como adolescentes.

¿Qué representa la ausencia del idioma?

Eso se debe a que estamos en una búsqueda artística para descubrir otros lenguajes que no sean inmediatamente la palabra. Una vez que surge este lenguaje sin texto o con pocas palabras, nosotros le encontramos muchos significados porque tiene que ver con esto mismo que te estoy hablando: la incapacidad de comunicarse, una incapacidad de decir lo que se siente, una pobreza; es tan fuerte la imposibilidad de expresar lo que me está pasando que entonces no hay palabras, se expresa de otra manera, con sonidos, con movimientos, con gestos, con algunas frases que no dicen mucho, pero que a la vez representan algo.

Cuéntame del proceso, ¿cómo llegaste a Fiesta junto con el equipo?

Ésta es nuestra segunda obra, la primera fue Insomnio; en ella descubrimos este lenguaje que estamos trabajando y nos quedamos con muchas ganas de seguir. Hace ocho meses empezamos a ensayar Fiesta, doblamos el elenco respecto de la anterior y comenzó con una situación que yo propuse que era una fiesta a las cuatro de la mañana, en un living donde nadie se conoce. En base a esta idea, le fui dando tareas al equipo para que ellos trajeran ejercicios porque no había personajes. Los ejercicios los discutíamos entre todos, al estilo de un taller de experimentación y creación teatral, y ahí empezaron a surgir muchas cosas que se conversaron para armar una historia, porque a pesar de que la historia no es lo más importante, igual existe una que se fue manifestando con improvisaciones. Había, por un lado, ejercicios que yo pedía y por otro, momentos de improvisación de tres horas seguidas, que con el asistente observamos para anotar las cosas que nos parecían interesantes.

Pero lo que hay actualmente está establecido…

Sí, está totalmente establecido. Parece, y yo diría que es un don de la obra, que es una improvisación que está sucediendo en el momento, pero no, está todo absolutamente marcado porque como no hay texto es importante que ellos igual tengan un una dramaturgia a la cual ceñirse, que está dada por los sonidos o las risas; hay ciertos momentos en que ellos tienen libertades, porque el actor siempre tiene libertad dentro de la estructura, pero existe una pauta musical. De hecho, nosotros hablamos de partitura y antes de salir al escenario hacemos un círculo para ensayar sólo los sonidos, del modo como se afina una orquesta, que haya tantos agudos como graves, que haya silencios, que haya momentos de mucha rapidez y lentitud, como si todo fuera una sinfonía.